Empezar a escribir en un folio en blanco nunca es fácil. Hacerlo con vistas a dar una opinión lo es aún menos, puesto que en definitiva vas a plasmar en negro sobre blanco la valoración que te has formado de alguien o de algo. Cuando el tema sobre el que versa el artículo te toca de cerca es aún más difícil.
Creo sinceramente que hay temas, acontecimientos o sucesos sobre los que hay que pararse a reflexionar. No puedes ponerte a escribir en caliente, es necesario que al menos la mente se enfríe aunque el corazón y los sentimientos que te ha despertado ese hecho no puedan hacerlo a la misma velocidad.
Brutal agresión a una facultativa en las Urgencias del Hospital de Puertollano, podíamos leer en prensa hace unos días. Ni siquiera el uso del artículo indefinido podía aligerar el impacto de la imagen que el titular formaba en tu mente: una persona que se limitaba a cumplir con sus obligaciones laborales (ese es el crimen) era víctima de una violenta agresión de intensidad tal que precisaba la aplicación de varios puntos de sutura en el contexto de un traumatismo cráneo-encefálico y policontusiones.
Corresponde sin duda a las autoridades sanitarias averiguar las medidas a tomar para evitar que un suceso de estas magnitudes vuelva a repetirse, pero tristemente lo cierto es que llueve sobre mojado. El caso que nos ocupa no ha sido el primero ni desgraciadamente será el último.
Trabajar en la puerta de un hospital es una ocupación en la que la incertidumbre (y su manejo) forman parte de tu vida. Nunca sabes lo que va a entrar por esa puerta y siempre tienes que estar listo para todo. Las prisas, las exigencias y las voces superan el límite de la preocupación legítima y en ocasiones pueden acabar dando paso a agresiones verbales e incluso físicas como la que nos ocupa.
Es indudable que durante los más de veintidós años que he trabajado en las Urgencias Hospitalarias lo más frecuente que he presenciado han sido las agresiones verbales, esas que muchas veces tratas de pasar por alto por aquello de que la gente a lo mejor estaba nerviosa en ese momento. Pero en ocasiones las palabras dan paso a los hechos: escupitajos, golpes en las puertas, lanzamiento de objetos o agresión física pura y dura.
La agresión a un profesional sanitario no tiene disculpa ni justificación. Se limitan a trabajar en las condiciones que les proporcionan sus superiores jerárquicos y los responsables políticos. Pero claro, la cara que ve el paciente es la del último eslabón del sistema, que se ve obligado a decir que no hay camas, no hay cita para el especialista, no hay…
Vivimos en una época en la que tenemos muchos derechos pero casi ningún deber. Una época en la que los ecos de los aplausos en los balcones de la época de la pandemia han dado paso a las recriminaciones y en demasiados casos (uno ya sería mucho) a las agresiones.
Habrá que mirar qué hace falta desde el punto de vista político y desde el de la gestión, pero como sociedad no podemos olvidar que mientras se toleren las voces y las amenazas veladas en centros sanitarios (a ver qué va a haber que hacer para que nos hagan caso), mientras las agresiones a sanitarios no obtengan como única respuesta la más enérgica repulsa y la mayor condena posible, mientras no consideremos que el sanitario es sólo un trabajador y no quien dirige el sistema, estaremos fracasando como sociedad.
Tristemente, las heridas físicas curan más tarde o más temprano pero el choque que supone que personas dedicadas en cuerpo y alma a curar y cuidar a sus semejantes experimenten miedo por tener que volver a trabajar es el mayor trauma que puede atravesarse.
Esperemos que llegue el día en que todos volvamos a confiar en los profesionales de la salud que en lo que nos dicen nuestros conocidos o el doctor Google.
Ante estas agresiones sólo nos quedan dos posibles respuestas: condena y soluciones. Y por supuesto trasladar todo nuestro apoyo a quienes las han sufrido.
Félix Canal, portavoz del GM de VOX en el Ayuntamiento de Puertollano
Licenciado en Medicina.
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